Es como un árbol plantado a lo largo de un arroyo…

  • 0

Es como un árbol plantado a lo largo de un arroyo…

Queridas hermanas
queremos contaros un momento intenso, un signo de esperanza que tuvimos las hermanas el sábado 20 de noviembre a primera hora de la tarde: la plantación de dos árboles, un olivo y un naranjo. Un gesto simbólico con el que hemos querido dar las gracias al Señor de los Cielos y de la Tierra y subrayar la importancia y la necesidad de cuidar, junto al Creador, lo que ha puesto en nuestras manos.
Conocimos este gesto viendo un cortometraje titulado “El hombre que plantaba árboles”, un relato alegórico de Jean Giono, publicado en 1953. Es la historia de un hombre que, con un empeño constante, consigue por sí solo reforestar un valle estéril al pie de los Alpes en la primera mitad del siglo XX.
También nosotros estamos llamados a ser colaboradores en la obra de Dios, a contribuir al bien de todos y a hacernos cargo de la casa común que el Padre nos ha confiado.
Al final de la película nos dirigimos al jardín de la casa de Celle Ligure donde se había preparado el terreno para este significativo gesto, acompañado de una breve celebración preparada por las Hermanas de los Monasterios.
Después de escuchar un pasaje de la Palabra de Dios, rezamos juntos al Señor para que bendiga nuestro trabajo; luego la Madre Elda roció el agua bendita sobre todos nosotros y el jardín circundante.
Durante el canto del Magnificat, plantamos los dos arbolitos y entre todos pusimos la tierra alrededor de las raíces y regamos la tierra abundantemente.
Hagamos nuestras las palabras de la oración de bendición que se dice en este rito:

Dios, Creador y Padre,
en el origen del mundo
estableció que la tierra
que la tierra produzca brotes y frutos de todo tipo,
la semilla para los campos y el pan para la mesa;
que nuestro campo,
alegrados por una cosecha abundante,
fruto de nuestro trabajo
y el regalo de tu bendición
puede contribuir al bien común.

¡Deo gratias!
las hermanas capitulares


Leave a Reply

Frase del Santo

L’allegria non ha mai guastato la santità